Paquita Salas y el ocaso de las estrellas

Paquita Salas es una serie con aires antiguos pensada para los tiempos modernos. Cuenta la historia de una representante de artistas de las de antes. Paquita conoce a todo el mundo porque ella ya estaba allí antes de que fueran famosos. A lo largo de su vida ha descubierto actores, actrices, cantantes. Genio y figura del elenco del cine y la televisión de España que estaban destinados a brillar.

Pero el tiempo pasa, la gente cambia, el mundo gira demasiado rápido y el que no se actualiza, pierde. Paquita nunca pensó que ella dejaría de ser quien era, no esperaba que todos aquellos a los que alguna vez tendió la mano le fallarían cuando más los necesitara. 

Los Javis son una revolución eso lo sabemos todos. A mi personalmente La llamada no es que me apasione (Macarena García tampoco es santo de mi devoción, matadme me da igual), pero tiene algunos momentos dignos de recuerdo. Lo que me gusta de ellos es que son consecuentes con lo que son, lo que saben y lo que han vivido y todo ello sin situarse en una superioridad moral que les haga pensar que lo que ellos hacen es mejor que todo lo que se ha hecho antes.

Ni mucho menos. Su obra es siempre un homenaje a todo lo que ya ha sido escrito, a lo que hemos visto durante años en nuestras pantallas sin darle importancia.

Porque Paquita Salas no es más que un paseo por nuestros recuerdos, Lidia San José nos coge de la mano y nos lleva de visita a ver a aquellos niños que se sentaban a ver series españolas que hoy consideramos absurdas, patéticas y pasadas de moda. Pero lo fueron todo.

A mi Paquita Salas me hace echar de menos Al salir de clase y los dramas de instituto, me recuerda a las noches viendo Ana y los 7 aunque luego renegara de esa serie en público. Y me hace recordar a tantos grandes de nuestro cine que se fueron y a aquellos que están por irse. Porque nos quedamos con el ridículo de Antonio Resines en Los Serrano y olvidamos todo lo que nos había dado.

Dejamos que se nos escaparan nuestra cantera, esa que un día parecía que se comerían el mundo. A los que todos adoraban, niños actores destinados a brillar. Nuestra Pilar López de Ayala, mi Eduardo Noriega, que siempre será mi amor platónico por muchos años que pasen y tantos otros que entraron en el salón de nuestras casas cada día, cada noche y de repente un día dejaron de salir y nunca volvimos a preguntar por ellos.

Paquita Salas es el homenaje a todas esas personas que interpretaron sueños, fantasías e ilusiones para nosotros. Y a la mujer, a las mujeres, a los hombres, a la industria, que lo hicieron posible.

La tele de hoy en día es un asco, pero hubo un día que no lo fue. Y para recordarlo, Brays Efe construye un personaje único, histriónico y lleno de carisma que, sobre todo y ante todo, ama la televisión. Porque fue su refugio en los momentos difíciles. Y también fue el nuestro.

Gracias Paquita, por tres temporadas redondas. Tu camino ya es historia viva de nuestra (moderna) televisión.

P.D. Ya que estoy melancólica voy a recordar a Bom Bom Chip y reivindicar su influencia en mi vida y mi cultura musical. Que ahora todos vamos de indies y modernitos pero hubo un día que eran la BSO de nuestros veranos.

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